Los balazos del 23-F siguen en el techo del Congreso: dónde mirar en el hemiciclo y cómo entrar gratis
La tarde del 23 de febrero de 1981, los guardias civiles de Tejero dispararon contra el techo del hemiciclo. Los agujeros siguen ahí. En 2013 se localizaron uno a uno, y hoy se pueden ver en una visita gratuita.
Víctor Carrascal estaba leyendo nombres. Era secretario de la Mesa del Congreso y, la tarde del lunes 23 de febrero de 1981, llamaba uno por uno a los diputados para la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Pasadas las seis y veinte, la lista se cortó. Por la puerta del hemiciclo entró el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, pistola en mano, con un grupo de guardias detrás. Gritó «¡Quieto todo el mundo!». Luego vinieron las ráfagas.
Aquellas balas se quedaron en el techo. Cuarenta y cinco años después, siguen allí.
El lugar: el hemiciclo del Palacio de las Cortes
El Congreso de los Diputados está en la Carrera de San Jerónimo, frente a la plaza de las Cortes, en el centro de Madrid. Es el edificio de los dos leones de bronce en la escalinata. El hemiciclo es la sala de sesiones: los escaños en semicírculo, la tribuna de oradores, la mesa de la presidencia y, encima, el techo decorado con su lucernario de cristal.
Las marcas del 23-F están en ese techo y en la zona del reloj de la sala. No hay vitrina ni cartel. Son agujeros pequeños en el yeso y la pintura, y quien no sabe dónde mirar puede pasar debajo sin verlos.
Qué pasó aquella tarde, minuto a minuto
Tejero llegó con unos doscientos guardias civiles. Dentro del hemiciclo estaban los 350 diputados y el Gobierno en funciones de Adolfo Suárez. Una cámara de Televisión Española siguió grabando durante casi media hora, y la Cadena SER tenía los micrófonos abiertos. Por eso aquella tarde se oyó en directo en toda España y se vio después.
Las imágenes dejaron tres escenas. El vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado, general de 68 años, se levantó y se encaró con los asaltantes, que intentaron tirarlo al suelo. Suárez se levantó para ayudarle. Cuando sonaron los disparos, casi toda la cámara se tiró bajo los escaños. Tres hombres se quedaron sentados: Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, secretario general del PCE.
Los tiros fueron al techo. Nadie murió en el hemiciclo. Los diputados pasaron allí la noche, retenidos, mientras en Valencia el general Milans del Bosch sacaba los tanques a la calle. A la 1:14 de la madrugada, el rey Juan Carlos apareció en televisión, de uniforme, y desautorizó el golpe. Tejero aguantó hasta el mediodía del 24 de febrero. Se rindió tras firmar un acuerdo sobre el capó de un coche, a las puertas del edificio. Los diputados salieron a la calle unas diecisiete horas después de haber entrado.
Las obras taparon parte de los agujeros
Tras el golpe, el Congreso decidió no reparar los impactos. Era una forma de memoria que no necesitaba placa. Pero un techo histórico necesita mantenimiento, y con los años las labores de conservación fueron cubriendo parte de las marcas. Nadie había hecho un inventario. Se sabía que había balazos, pero no cuántos ni dónde estaba cada uno.
En 2013, la presidencia del Congreso encargó localizarlos todos. Los técnicos revisaron el techo y la zona del reloj de forma sistemática. Contaron 35 impactos. Ocho no figuraban en ningún registro anterior: habían quedado ocultos o nadie los había identificado. Con esa revisión se levantó un mapa de posiciones de cada disparo. Sirve para un fin práctico: que ninguna restauración posterior vuelva a taparlos por error.
Qué se ve hoy en el sitio
El hemiciclo sigue en uso. Ahí se vota cada semana y la sala se ha reformado varias veces desde 1981: escaños, sistema de votación electrónica, iluminación, accesibilidad. Lo que no se ha tocado son las marcas de los disparos.
Desde la tribuna de invitados o desde el pasillo de la visita, los agujeros se distinguen como puntos oscuros en la decoración del techo. Algunos se ven sin esfuerzo. Otros piden que alguien los señale. Ese es el momento en que el guía de la visita levanta el dedo hacia arriba. Casi siempre es el momento de la visita en que más gente saca el móvil.
Lo que no queda es nada de la escena en sí. Los escaños no son los de 1981. La cámara de TVE, los transistores y el coche del acuerdo no están. La famosa fotografía de Tejero en la tribuna, tomada por Manuel Pérez Barriopedro para la agencia EFE, se conoce por los libros, no porque se exponga en la sala.
Cómo entrar gratis
El Congreso se visita sin pagar. Hay dos vías principales:
- Visitas guiadas ordinarias. Se gestionan desde la web oficial, congreso.es, en el apartado de visitas. Hay turnos para particulares y para grupos (colegios, asociaciones). Hace falta reservar con antelación y llevar el DNI o el pasaporte el día de la visita.
- Jornada de puertas abiertas. Se celebra en torno al 6 de diciembre, por el aniversario de la Constitución. La demanda supera de largo las plazas, así que el acceso se reparte por inscripción previa y sorteo. Conviene vigilar la web desde noviembre.
Las fechas, horarios y condiciones cambian según el calendario parlamentario. Si hay pleno o un acto oficial, las visitas se suspenden. Lo prudente es comprobarlo en la web oficial antes de organizar el viaje.
Qué conviene saber antes de ir
- Metro: Sevilla y Banco de España (línea 2) quedan a unos minutos a pie. Sol está a diez minutos andando.
- Control de seguridad: se pasa un arco detector, como en un aeropuerto. Mejor ir con poco equipaje.
- Fotos: en las visitas guiadas suele permitirse fotografiar el hemiciclo. Para los agujeros sirve más el zoom que el gran angular.
- Dónde mirar: hacia el techo, por encima de los escaños, y hacia la zona del reloj. Si el guía no lo menciona, basta con preguntar por los impactos del 23-F: forma parte del recorrido habitual.
- Sin visita: desde la calle solo se ve la fachada y los leones. El hemiciclo no se ve desde fuera.
La grabación completa de TVE de aquella tarde está publicada y se encuentra con facilidad. Verla antes de ir ayuda a reconocer la sala: la tribuna desde la que gritó Tejero, el banco azul donde se quedaron sentados Suárez y Gutiérrez Mellado, y el techo al que apuntaron los subfusiles.
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